Sólo para hermanos medianos (y algunos menores)
- Adriana Prieto Ortiz
- 5 feb
- 4 Min. de lectura
Todo hermano mediano, tiene un hermano mayor y hoy te quiero platicar de las huellas que pueden quedar a través de esa dinámica.
Las expectativas de tener hermanos mayores a ti, “las relaciones humanas son complejas” vaya que lo son. Me resulta sorprendente como situaciones que vives en los primeros años y sobre todo la manera en que interpretas y el significado que le das a esas situaciones van marcando partes de tu personalidad y de la manera en que interactúas con el mundo. Porque ser un niño pequeño, conlleva mucha vulnerabilidad y sugestionabilidad. Estás experimentando el mundo, y lo estás experimentando a través de tu propia subjetividad. ¿lo complejo? Poder entender la complejidad y el impacto que esos momentos generan en tu presente. Porque no vas accediendo a ese entendimiento un día y ya, sino que son capas que vas descubriendo en ti y aprendiendo a ver cómo te sientes. De ahí, de esos momentos de pequeña surgen heridas no resueltas, carencias, expectativas que no se han podido cumplir. Hoy quiero hablarte de una, sobre todo porque es un tema que he estado deshaciendo en terapia, y he tenido tantas respuestas y tomas de consciencia que he necesitado un par de semanas para que las palabras puedas fluir y así escribirlas en lo que hoy lees.
Tener un hermano mayor, representa llegar al mundo con alguien a la par que tú, pero con más experiencia. Es alguien de varias maneras, directas e indirectas te enseña. Porque lo observas y repites lo que hace. O porque se toma el tiempo de explicarte. Y en esta parte de aprender de él se va construyendo también la imagen que generas de él/ella. Esa imagen muchas veces es idealizada. Admiras que puede correr cuando tu aun no caminas, y que puede entender algo que tu ni siquiera sabes entender que es exactamente. Y aunque la diferencia viene principalmente por capacidades de la edad, en ese momento no lo sabes, no lo entiendes. Se vuelve tu hermano mayor, el que sabe resolver, el que, si puede, el que si sabe.
En muchos casos el hermano mayor se cree esa imagen de sí mismo, así que se vuelve su meta personal nunca romper sus estándares de perfección y siempre ayudar a conseguir al otro lo que “es mejor” (y aunque puede sonar romántico, no lo es). En acciones comienza a verse muchas veces como alguno de estos:
- Miedo a cometer errores
- Rigidez y critica constante (hacia otros)
- Toma de decisiones (o falta de toma de decisiones en el contrario)
- Control
En otros casos, el hermano mayor se permite romper o rebelarse a esos estándares, casi siempre de manera inconsciente. Así que se permite soltar y dejar de ser lo que se espera de él. Se permite no guiar y ser más egoísta. Se permite no dar un resultado. Y ahí es donde genera más descontrol, porque suelta la imagen que en todo un sistema familiar ha venido reforzando y construyendo, y aunque es su trabajo ver las razones de porque hace lo que hace y el construir una vida que se sienta coherente a él/ella. Los hermanos medianos quedan atentos… quedan esperando que se cumpla su anhelo. Que esa mirada, guía y sustento se presente. ¿lo más interesante? Que seguro no la sabe, porque cada quien vive tan en su mundo personal que cree que los actos de los otros son personales, que el hecho de que no te hable tiene que ver con que no te quiere, y aunque tal vez sí, ahora te toca preguntarte cuando es momento de soltar la expectativa, de construir como adulto esa guía, mirada y validez que necesitas para sentirte importante y suficiente TU como hermano mediano, o algunos menores. La realidad es, los demás no están aquí para complacerte y funcionar en torno a ti. Tienes que voltear a ver esa necesidad de validación, de querer pertenecer y de querer sentirte especial e importante. Porque es cuando las idealizaciones se rompen que sientes esa deuda emocional al mundo, sentirte incomprendido, menos, no tan importante; poner la responsabilidad de esa validación en otro continua perpetuando el mismo ciclo.
Cada persona está construyendo su propia vida, y a veces para darte cuenta de ello vas a requerir enfrentar una serie de emociones que no siempre es tan cómodo reconocer. El darte cuenta de algunas de tus necesidades, implica reconocer el egoísmo que hay en ellas. Y no está mal, requieres grados de egoísmo para reconocer lo que es importante para ti, para validarte, para poner límites. Y también requieres grados de madurez emocional para liberar al otro de tus expectativas, de reconocer como el otro es y desde ahí decidir qué lugar darle en tu vida. Desde el amor, consciencia y gratitud. Y desde ahí, una hermandad se vuelve totalmente distinta. Porque las expectativas, dolores, anhelos y carga no resuelta en ti se empiezan a voltear a ver… por ti. No esperando que otro lo resuelva, sino tu volteando a ver tu propio mundo interno y necesidades. Tu felicidad, calma y salud emocional son tu responsabilidad.
Así que si eres un herman@ mediano que se ha encontrado en épocas de su vida donde pide validación: ser visto, ser importante, querer sentirse más. Seguramente viene de necesidades no vistas desde hace mucho más tiempo, y sólo es una dinámica repetida constantemente que te pone en esa posición repetidamente. Toca hacer las cosas diferentes, validarte, darte lo que necesitas y sobre todo darte el espacio de sentir.
Atte. Una hermana mediana

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